Revivir el pasado

ALGÚN QUE OTRO RELATO ENCUENTRA NUEVAS FORMAS DE EXPRESARSE SIN PERDER PROFUNDIDAD. SECRETOS DE UN VÍNCULO, RECIENTEMENTE REESTRENADA EN BORDER TEATRO, SE MUEVE EN ESA DIRECCIÓN: TRANSFORMA EN EXPERIENCIA ESCÉNICA UN MATERIAL NACIDO DEL PENSAMIENTO CLÍNICO, LA ESCUCHA SOSTENIDA Y EL TRABAJO CON LA MATERNIDAD A LO LARGO DE DÉCADAS.

La obra toma como punto de partida Emociones de la maternidad, libro de la médica psicoanalista Adriana Grande, y construye a partir de allí una dramaturgia que pone en primer plano lo emocional. La adaptación de Natali Aboud convierte esas páginas en un tejido vivo donde la palabra se vuelve cuerpo, ritmo, presencia.

En escena, Josefina Botto, Jennifer Moule, Bárbara Goldschtein y Emilia Rodríguez Griñó sostienen un entramado que se despliega con precisión. Cuatro mujeres atraviesan la experiencia de maternar desde lugares distintos, con historias que se entrelazan y se tensionan. Antes hijas, ahora madres, cada una arrastra huellas que emergen en lo cotidiano, en los vínculos, en aquello que se repite o intenta transformarse.

La propuesta se instala lejos de cualquier idealización. La maternidad aparece como un territorio complejo, atravesado por afecto, cansancio, dudas y expectativas. Cada escena funciona como un espacio de exploración donde las experiencias se revisan y se ponen en diálogo. El resultado genera identificación, incomodidad, reconocimiento.

Desde la dirección, Natali Aboud construye un lenguaje escénico que privilegia lo íntimo sin perder dimensión colectiva. La crianza deja de pensarse como un proceso aislado para abrirse a una construcción compartida. Ese pasaje sostiene gran parte de la potencia de la obra, donde el grupo adquiere un valor central como espacio de escucha, intercambio y transformación.

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El recorrido profesional de Adriana Grande aporta una base sólida. Con casi cuatro décadas de trabajo en el abordaje vincular, su mirada atraviesa la obra como un pulso constante. La coordinación de grupos de madres desde fines de los años ochenta generó un universo de experiencias que ahora encuentran otra forma de expresión. Dudas, miedos, aprendizajes, todo aparece resignificado en escena.

La puesta construye un universo visual que acompaña esa búsqueda. La escenografía de Tribu Estudio se organiza a partir de estructuras geométricas y un gran panel con un círculo central que funciona como portal. La paleta en tonos suaves, la iluminación diseñada por Christian Gadea y una atmósfera levemente difusa generan imágenes de fuerte impronta estética. El vestuario de Florencia Tellado y la música de Tom Harris completan un clima que dialoga con lo emocional sin perder anclaje en lo real.

El movimiento también ocupa un lugar relevante. La coreografía de Emilia Tiemroth introduce una dimensión corporal que amplifica lo que el texto propone. Los desplazamientos, los ritmos y las pausas construyen sentido, acompañando las variaciones emocionales de cada escena.

La obra se sostiene en un equilibrio particular. Momentos de humor aparecen como alivio frente a la intensidad del tema. Situaciones reconocibles permiten que la risa surja desde la identificación, generando cercanía con el público. Esa combinación entre lo liviano y lo profundo refuerza el impacto de la experiencia.

Las miradas críticas coinciden en destacar esa sensibilidad. Se subraya la armonía del elenco, la capacidad de transitar distintos registros y una puesta que conjuga delicadeza estética con un contenido anclado en la realidad. También se destaca la forma en que la obra pone en cuestión la idea de una maternidad perfecta, abriendo espacio a una visión más honesta y compleja.

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El equipo creativo acompaña con precisión cada capa del proyecto. La asistencia de dirección de María Emilia Ladogana y Carolina Díaz Leguizamón, la producción estratégica de Julieta Hantouch, el diseño gráfico de Trinidad Viera y el trabajo de prensa de Cecilia Dellatorre y Analía Cobas consolidan una estructura que sostiene la propuesta desde múltiples frentes.

La trayectoria de Natali Aboud suma otra dimensión. Escritora y directora, con obras que exploran lo emocional desde distintos lenguajes, encuentra en este proyecto un punto de síntesis. Su enfoque propone mirar los vínculos desde un lugar abierto, en constante revisión.

Secretos de un vínculo se instala como una experiencia que invita a repensar la maternidad desde lo compartido. Sin respuestas cerradas, con preguntas que permanecen, la obra abre un espacio donde lo imperfecto adquiere valor y donde cada historia encuentra resonancia en otras.

El escenario se convierte así en un territorio de encuentro. Un lugar donde las experiencias individuales dialogan, se reflejan, se transforman. Una propuesta que pone en primer plano lo humano, con todas sus contradicciones y su potencia.

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello