EL AUGE GLOBAL DE LOS PAGOS MOBILE-FIRST ESTÁ TRANSFORMANDO LA FORMA DE REALIZAR CONSUMOS, ESPECIALMENTE ENTRE LAS GENERACIONES MÁS JÓVENES. EN ESTE NUEVO ESCENARIO, LOS EMISORES DE TARJETAS ENFRENTAN EL DESAFÍO DE OFRECER EXPERIENCIAS DE PAGO MÁS ÁGILES, CONECTADAS Y RESPALDADAS POR UNA INFRAESTRUCTURA TECNOLÓGICA ROBUSTA Y ESCALABLE.
El consumo digital continúa expandiéndose y redefine la forma en que las personas compran, pagan y acceden al financiamiento, con un impacto especialmente fuerte en las nuevas generaciones. Según un informe reciente de PYMNTS Intelligence, los consumidores más jóvenes utilizan hasta un 23% más los medios electrónicos de pago, incluso en transacciones presenciales.
En este contexto, los pagos mobile-first —aquellos realizados directamente desde dispositivos móviles— dejaron de ser una tendencia emergente para convertirse en un nuevo estándar. Y no es exclusivo de centennials y millennials: el estudio también revela que más del 50% de los consumidores, incluidos Gen X y baby boomers, ya utilizan wallets para realizar sus compras, en una práctica que crece año tras año.
En este nuevo marco, la tarjeta física también se transforma. Ahora forma parte de una experiencia digital más integral, que incorpora tecnologías como la biometría para validar transacciones de forma más segura, y beneficios embebidos que refuerzan la lealtad del usuario. De hecho, el 48% de los consumidores considera estas recompensas un factor decisivo al elegir su tarjeta principal.
Por su parte, para los emisores esto representa una oportunidad estratégica. Hoy, la diferenciación no pasa tanto por el diseño o el logo en la tarjeta, sino por la capacidad de ofrecer productos digitales alineados a los hábitos, ritmos y expectativas de cada persona. Cuando una tarjeta alcanza ese nivel de relevancia, el impacto es evidente: una tarjeta “top-of-wallet”, es decir la tarjeta más utilizada por un usuario, puede generar en promedio hasta USD 2.008 en consumos mensuales, frente a los USD 1.233 y USD 925 de las opciones que ocupan el segundo y tercer lugar en la preferencia del consumidor.
En este contexto, el desafío para los emisores ya no es solo ofrecer una tarjeta, sino crear una experiencia que sea tan fluida, conveniente y relevante que se vuelva imprescindible para el usuario. Por eso, para los mismos, disponer de una infraestructura ágil, segura y adaptable permite lanzar programas de tarjetas alineados con los nuevos comportamientos digitales de sus respectivos clientes.
“La clave ya no está solo en emitir una tarjeta, sino en diseñar una experiencia que la haga indispensable para el usuario. Esto exige velocidad, integración, seguridad y capacidad de personalización, todo en simultáneo”, destaca Santiago Witis, Country Manager de Pomelo en Argentina y Chile, empresa líder en América Latina en soluciones tecnológicas para la emisión, procesamiento y gestión de pagos con tarjetas.
En este marco, Pomelo responde a esta nueva lógica con una infraestructura 100% cloud-native, construida sobre microservicios y pensada para escalar con agilidad en toda la región. Gracias a su tecnología, bancos, fintechs y grandes empresas pueden lanzar tarjetas físicas o virtuales en pocos días, integrarse vía APIs, incorporar funciones de seguridad y autenticación avanzada como tokenización o 3D Secure, y adaptarse con rapidez a los requerimientos regulatorios locales.
Cabe destacar que el 66 % de sus clientes proviene de procesadores incumbentes, lo que refleja un movimiento del mercado hacia infraestructuras más flexibles, modulares y centradas en la experiencia de usuario.
“Desde bancos hasta retailers, cada vez más organizaciones buscan dejar atrás los modelos heredados para ofrecer productos financieros realmente digitales. Con Pomelo, pueden hacerlo sin reinventar la rueda, acelerando el lanzamiento y enfocándose en lo más importante: convertirse en una parte indispensable del día a día de sus usuarios”, afirma Witis.
En definitiva, en un mundo donde la forma de pagar pesa tanto como el medio elegido, quienes logren crear experiencias integradas, fluidas y pensadas con foco en el usuario serán aquellos que lideren el futuro de los pagos.


