Las stablecoins ganan terreno en el comercio exterior y redefinen los pagos internacionales

POMELO ANALIZA CÓMO ESTA TECNOLOGÍA SE CONSOLIDA COMO UNA NUEVA INFRAESTRUCTURA PARA OPERACIONES GLOBALES MÁS EFICIENTES.

En un escenario en el que los pagos internacionales todavía sufren ciertas demoras, tienen costos elevados y cuentan con múltiples intermediarios, las stablecoins empiezan a ganar lugar como una alternativa concreta para operar a escala global. Estas monedas digitales, permiten transferencias casi instantáneas, con disponibilidad continua y costos más bajos frente a los mecanismos tradicionales, que aún pueden tardar días en completarse.

En este marco, su adopción crece en América Latina, especialmente en mercados donde las empresas enfrentan restricciones cambiarias, volatilidad y un acceso limitado a la infraestructura financiera internacional. En efecto, su uso se extiende en operaciones de comercio exterior, desde pagos a proveedores y exportación de servicios hasta la gestión de liquidez en distintas monedas.

Detrás de ese avance hay un cambio más estructural. Para Pomelo, la expansión de las stablecoins responde a la evolución de los “rieles” financieros, que funcionan como una nueva capa de infraestructura en convivencia con el sistema bancario tradicional y aportan mayor velocidad, interoperabilidad y flexibilidad.

“Las stablecoins permiten resolver uno de los principales desafíos del comercio exterior vinculados a la fricción en los pagos internacionales. Hoy las empresas pueden mover dinero de forma prácticamente inmediata, con mayor previsibilidad en los costos y sin depender de varios intermediarios financieros”, explicó Santiago Witis, Country Manager de Pomelo en el Cono Sur. Y agregó: “Además, habilitan algo clave para la región: el acceso. Muchas compañías que antes tenían barreras para operar globalmente hoy pueden integrarse al comercio internacional de una manera mucho más simple”.

A su vez, se suma la integración con nuevas tecnologías, como la automatización de pagos o soluciones basadas en inteligencia artificial, que permiten ordenar procesos complejos, reducir errores y mejorar la trazabilidad de las operaciones. Esto resulta especialmente relevante para compañías con altos volúmenes de transacciones o cadenas de suministro distribuidas.

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Mientras que grandes jugadores financieros y tecnológicos ya las implementan a nivel global, numerosos países comienzan a ajustar sus marcos regulatorios. Esa combinación garantiza una mayor previsibilidad a su uso en entornos corporativos mediante esquemas de transparencia y seguridad jurídica.

En ese contexto, el rol de las fintech aparece como un puente clave entre esta tecnología y su aplicación concreta en el mundo corporativo. Más allá del interés que generan, el verdadero desafío está en traducir su potencial en soluciones operativas, escalables y alineadas a las necesidades reales de las empresas. En ese camino, las stablecoins comienzan a consolidarse no solo como una alternativa, sino como una nueva capa estructural dentro de la arquitectura de pagos internacionales, redefiniendo cómo las compañías gestionan su dinero a nivel global.