EL PODER TERRITORIAL ARGENTINO TIENE UNA IDENTIDAD MARCADA: ESTÁ MAYORITARIAMENTE EN MANOS DE HOMBRES, CON DIRIGENTES QUE SUPERAN LOS 50 AÑOS Y QUE ACUMULAN EXTENSAS TRAYECTORIAS DENTRO DE LA POLÍTICA. UN ESTUDIO DEL OBSERVATORIO DE LAS ELITES (CITRA-UMET-CONICET) REVELA UNA FOTOGRAFÍA DE LOS MUNICIPIOS MÁS IMPORTANTES DEL PAÍS Y EXPONE UNA CARACTERÍSTICA QUE PERSISTE CON EL PASO DEL TIEMPO: LAS INTENDENCIAS SIGUEN SIENDO ESPACIOS DE DIFÍCIL ACCESO PARA LAS MUJERES Y PARA QUIENES LLEGAN POR FUERA DE LAS ESTRUCTURAS POLÍTICAS TRADICIONALES.
La investigación analizó el perfil de los intendentes de 49 ciudades argentinas, seleccionadas por su peso demográfico y político. Se trata de distritos donde las decisiones de gobierno tienen impacto más allá de sus propios límites y donde se construyen liderazgos con capacidad de proyección provincial y nacional.
Uno de los datos más relevantes aparece al observar la distribución por género: más del 83% de las intendencias analizadas están encabezadas por varones. El llamado techo de cristal continúa presente en el nivel ejecutivo municipal, aun cuando las mujeres han logrado ampliar su participación en otros ámbitos de representación política.
La desigualdad no parece responder a una única identidad partidaria ni a una cuestión geográfica. La dificultad para acceder a las intendencias atraviesa distintos espacios políticos y regiones del país. Mujeres de diferentes fuerzas siguen encontrando mayores obstáculos para alcanzar los cargos donde se concentra la conducción directa de los territorios.
Algunas excepciones lograron romper esa tendencia, como Mayra Mendoza y Eva Mieri en Quilmes, Mariel Fernández en Moreno o Rosana Chahla en San Miguel de Tucumán. Sin embargo, sus casos todavía aparecen como excepciones dentro de un mapa dominado por dirigentes varones.
La edad también funciona como una marca del poder municipal. El promedio de los intendentes analizados se ubica en la década de los 50, aunque con diferencias entre regiones: mientras en el conurbano bonaerense la edad promedio es de 51 años, en las provincias asciende a 57.
Estos datos reflejan distintas velocidades de renovación política. En algunos municipios metropolitanos aparecen liderazgos algo más jóvenes, mientras que en otros territorios se mantienen figuras con recorridos más prolongados, construidos sobre redes políticas y conocimiento profundo del entramado local.
Pero la radiografía no solo habla de género y edad. También muestra una característica particular del poder municipal argentino: la resistencia al ingreso de outsiders. A diferencia de otros niveles de la política nacional, donde dirigentes sin una larga carrera partidaria lograron conquistar espacios relevantes, las intendencias continúan funcionando como ámbitos donde la experiencia, el arraigo territorial y la pertenencia a estructuras políticas tienen un peso determinante.
El municipio sigue siendo, así, uno de los principales espacios de la política tradicional. Llegar a una intendencia suele requerir años de construcción territorial, vínculos con la comunidad y una trayectoria previa dentro del sistema político.
En este escenario, el debate sobre las reelecciones y la renovación dirigencial cobra especial relevancia. Las reglas que permiten o limitan la continuidad en los cargos impactan directamente sobre la circulación de nuevos liderazgos y sobre la posibilidad de transformar una estructura que mantiene un perfil estable: masculina, experimentada y con fuertes raíces locales.
La pregunta que deja este diagnóstico no es solamente quiénes gobiernan hoy las ciudades argentinas, sino qué condiciones existen para que nuevos perfiles puedan llegar al poder. La renovación política, al menos en el nivel municipal, parece avanzar a un ritmo más lento que en otros espacios de decisión.
Por Silvina Campidoglio






