El boom inmobiliario español atrae al capital argentino: tres cosas que aprendieron quienes ya dieron el salto

EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, LA INVERSIÓN LATINOAMERICANA EN EL SECTOR INMOBILIARIO ESPAÑOL ALCANZÓ LOS 523 MILLONES DE EUROS, UN CRECIMIENTO DEL 200% RESPECTO AL AÑO ANTERIOR.

Sumar Inversión, plataforma de inversión inmobiliaria, opera en ambos mercados y comparte las lecciones de ese recorrido: desde las diferencias regulatorias hasta lo que el ecosistema europeo le enseñó sobre su propio negocio.

En los últimos años, el capital latinoamericano volcado al sector inmobiliario español creció un 200% respecto al año anterior, hasta alcanzar los 523 millones de euros. El dato no es anecdótico: refleja un movimiento estructural de inversores que buscan diversificar su capital en mercados con mayor estabilidad y marcos regulatorios más maduros. Sumar Inversión es una de las plataformas argentinas que forma parte de ese fenómeno, con operaciones activas en Latinoamérica y Europa.

Operar en distintos mercados implica enfrentarse a realidades económicas, regulatorias y culturales distintas, lo que deja aprendizajes que impactan directamente en el desarrollo del negocio.

“Uno de los principales motivos para salir a operar afuera fue poder ofrecerles a nuestros inversores una opción adicional para diversificar sus ahorros. Pero también hubo una inquietud empresarial de no quedarnos solo con lo conocido e ir por más”, explican desde Sumar Inversión.

Este proceso, aseguran, no solo permitió abrir nuevas oportunidades de inversión, sino también fortalecer la estructura de la empresa y mejorar distintos aspectos del producto que impactan en la experiencia del inversor.

La primera lección que dejó este proceso fue sobre la madurez del ecosistema inmobiliario. En el caso de España, por ejemplo, el sector presenta altos niveles de conocimiento del rubro y procesos operativos más estandarizados, lo que facilita la adaptación de nuevos actores.

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“El mercado español nos sorprendió por su nivel de madurez y la facilidad de operación. Incluso con algunas menos regulaciones en ciertos aspectos, encontramos un ecosistema donde los actores conocen muy bien el sector, lo que hizo que la adaptación fuera más rápida de lo que esperábamos”, señalan.

La segunda lección fue sobre la imposibilidad de replicar modelos: cada mercado requiere su propio enfoque. “No hay una práctica que simplemente se pueda copiar de un país a otro. Son mercados distintos y requieren estrategias diferentes, tanto en el desarrollo de productos como en los proyectos que los respaldan”, agregan.

En ese sentido, destacan que la disciplina y el orden con el que se desarrolló el negocio en Argentina fue una ventaja a la hora de expandirse a Europa.

La tercera lección es sobre la confianza y cómo impacta en los inversores. Por un lado, amplía las posibilidades de diversificación en mercados con distintos niveles de madurez y marcos regulatorios. Por el otro, fortalece la reputación y la solidez de la empresa.

“La experiencia internacional vuelve a la empresa más robusta y conocida. Eso genera un mayor nivel de confianza por parte de los inversores y también una responsabilidad más grande en el camino que estamos recorriendo”, explican.

Finalmente, el balance es optimista pero realista sobre el punto de partida:: “Salir a invertir afuera también permite valorar las bases de nuestro propio mercado. En Latinoamérica hay mucho potencial, pero todavía tenemos un camino importante por recorrer en términos de educación financiera”, concluyen