UN HORIZONTE AZUL QUE SE FUNDE CON LA ARENA BLANCA PUEDE PARECER UNA IMAGEN DETENIDA EN EL TIEMPO. SIN EMBARGO, DETRÁS DE CADA PLAYA PARADISÍACA HAY UN RELATO QUE COMBINA NATURALEZA, CULTURA Y MEMORIA. LA EDICIÓN 2026 DEL CORONA BEACH 100 SELECCIONÓ CINCO ESCENARIOS QUE REPRESENTAN DISTINTAS FORMAS DE VIVIR EL MAR: DESDE AUSTRALIA HASTA MÉXICO, PASANDO POR COLOMBIA, BRASIL Y GRECIA. CADA UNO ES MÁS QUE UN PAISAJE: ES UNA EXPERIENCIA QUE INVITA A DESCONECTAR Y A RECONECTAR CON LO ESENCIAL.
Whitehaven Beach, en las islas Whitsunday frente a Queensland, despliega siete kilómetros de arena blanca formada casi en su totalidad por sílice. Allí, el mar se convierte en artista: las mareas dibujan patrones efímeros en Hill Inlet, transformando la unión de agua y arena en un espectáculo cambiante. Este escenario, parte del Whitsunday Islands National Park y de la Gran Barrera de Coral, es Patrimonio Mundial y símbolo de la naturaleza australiana.
Isla Corona, en las Islas del Rosario frente a Cartagena, propone una manera distinta de experimentar el Caribe. Con apenas diez bungalows rústicos y privados, recibe a un máximo de veinte huéspedes, privilegiando la intimidad y la conexión con el entorno. Fue la primera isla en obtener el Blue Verification de tres estrellas de Oceanic Global, tras eliminar plásticos de un solo uso e incorporar prácticas sostenibles. La experiencia incluye snorkeling, paddleboard, kayak, yoga y beach volleyball, además de encuentros con tortugas carey, monos titíes, loros y guacamayos. La gastronomía se nutre de ingredientes nativos y sabores caribeños, mientras proyectos de reforestación de manglares y recuperación de corales refuerzan el compromiso ambiental. Más que un destino, es una manera distinta de vivir el paraíso.
Baía do Sancho, en el archipiélago de Fernando de Noronha, combina acantilados cubiertos de vegetación tropical, arena dorada y aguas transparentes. El acceso es parte de la aventura: se llega por mar o descendiendo por una escalera que atraviesa los acantilados. Bajo el agua, la riqueza de los ecosistemas marinos convierte cada inmersión en descubrimiento. Reconocida como Patrimonio Mundial por la UNESCO, esta bahía es un santuario donde la biodiversidad se convierte en protagonista y el visitante se siente parte de un escenario protegido.
Elafonissi, en el extremo suroeste de Creta, deslumbra con su arena de tonalidades rosadas y aguas poco profundas que permiten caminar hasta una isla vecina. Forma parte de un área protegida que resguarda dunas, lagunas y especies vegetales, creando un paisaje que combina distintos ambientes naturales en un mismo territorio. La experiencia es tanto visual como sensorial: caminar sobre arena rosada y sentir la calma de un mar que parece infinito.
Playa Balandra, en Baja California Sur, ofrece un paisaje distinto al imaginario tropical. La bahía está rodeada de montañas desérticas y formaciones rocosas, mientras sus aguas poco profundas muestran distintas tonalidades de azul. El Hongo, formación rocosa icónica, se convirtió en símbolo natural de la región. Balandra es un mar que dialoga con el desierto y que invita a descubrir la riqueza de sus ecosistemas protegidos, donde conviven manglares, dunas y arrecifes.
Australia, Colombia, Brasil, Grecia y México muestran que no existe una única forma de entender una playa paradisíaca. Puede ser una extensión de arena blanca frente a un mar turquesa, una bahía rodeada de naturaleza, un arrecife lleno de vida o una isla donde el tiempo parece avanzar más lento. Lo que las une es la capacidad de transformar un viaje en memoria duradera, en postal que trasciende lo visual y se convierte en experiencia.
Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello





