Linfoma: 8 de cada 10 pacientes también atraviesan un impacto emocional

EL DIAGNÓSTICO Y EL TRATAMIENTO GENERAN MIEDO, INCERTIDUMBRE Y CAMBIOS QUE TAMBIÉN NECESITAN SER ESCUCHADOS Y ACOMPAÑADOS.

Cada 15 de septiembre, el Día Mundial de Concientización sobre el Linfoma nos invita a hablar de una enfermedad que afecta a más de un millón de personas en el mundo. Pero hablar de linfoma no debería significar únicamente hablar de diagnósticos, tratamientos o remisión. También implica hablar de las personas que atraviesan ese proceso y de todo lo que sucede emocionalmente a partir de ese momento.

Recibir un diagnóstico de linfoma marca un antes y un después. De manera repentina, una persona puede encontrarse frente a preguntas que no esperaba hacerse, cambios en su rutina, decisiones médicas y una incertidumbre difícil de manejar. La atención médica se vuelve, lógicamente, prioritaria. Pero en medio de esa urgencia, hay algo que no debería quedar en segundo plano: cómo se siente ese paciente.

Los datos muestran la dimensión del problema. Según la Encuesta Global de Pacientes de linfoma y leucemia linfocítica crónica, el 82% de los pacientes experimentó efectos emocionales y psicológicos durante los últimos 12 meses a causa de la enfermedad.

Miedo, ansiedad, tristeza, enojo, aislamiento, incertidumbre, dificultades para dormir o sensación de falta de control son algunas de las emociones que pueden aparecer. No todas las personas reaccionan de la misma manera ni cuentan con las mismas herramientas para afrontar una situación adversa. Por eso, no se trata de establecer cómo “debería” sentirse alguien frente a un diagnóstico, sino de generar espacios donde pueda expresar aquello que está atravesando sin sentirse juzgado.

El lema de este año, “Ningún paciente viaja solo”, pone justamente el foco en la importancia del acompañamiento. Y considero que esa palabra, juntos, es fundamental. Porque acompañar no significa intentar encontrar una frase para eliminar el miedo ni pedirle a una persona que sea positiva todo el tiempo. Acompañar también significa escuchar, respetar los silencios, permitir que aparezca la angustia y entender que hay emociones que necesitan tiempo para ser elaboradas.

LEER  Charlas sobre linfomas, mielofibrosis y cuidados en quimioterapia: un espacio para resolver dudas y fortalecer el acompañamiento

El diagnóstico también puede traer aparejados distintos duelos. El paciente puede sentir que pierde temporalmente su salud, el control sobre su vida cotidiana, determinada imagen de sí mismo, proyectos o incluso aspectos de su vida que antes daba por sentados. Durante el tratamiento, esas pérdidas pueden generar un proceso de adaptación que necesita ser reconocido.

Y el impacto emocional no necesariamente termina cuando termina el tratamiento. La remisión puede traer alegría y alivio, pero también puede estar acompañada por el miedo a una recaída. Volver a los controles, esperar los resultados de un estudio o percibir cualquier síntoma puede despertar nuevamente la incertidumbre. Es lo que conocemos como el “síndrome de la Espada de Damocles”: una sensación de alerta permanente frente a la posibilidad de que la enfermedad regrese. Por eso, el acompañamiento psicológico puede ser importante durante todo el proceso: desde la noticia inicial y el tratamiento hasta la remisión y la supervivencia.

La psicooncología puede ofrecer herramientas para poner en palabras lo que sucede, reconocer las emociones, trabajar sobre los miedos y acompañar los procesos de adaptación. Y también puede ayudar a que familiares y allegados comprendan que ellos mismos forman parte de este proceso y que muchas veces necesitan un espacio para expresar lo que les sucede.

Hay algo que deberíamos dejar de pensar: que pedir ayuda psicológica significa que una persona no puede afrontar su enfermedad. Por el contrario, pedir ayuda puede ser una forma de construir herramientas para atravesarla.

Cuando el malestar emocional persiste y comienza a interferir con la vida cotidiana, el sueño, la alimentación, los vínculos o la capacidad de adaptarse a la situación, consultar con un profesional de salud mental, idealmente con formación en psicooncología, puede ser una herramienta fundamental.

LEER  Depresión: cuando el sufrimiento no siempre se dice con palabras

Desde la Asociación Civil Linfomas Argentina trabajamos desde 2005 para brindar espacios de apoyo emocional, orientación y acompañamiento a pacientes y allegados. Porque muchas veces, compartir lo que se siente con alguien que comprende ese proceso puede hacer una diferencia.

Este Día Mundial de Concientización sobre el Linfoma nos propone, entonces, ampliar la mirada. El tratamiento médico es indispensable, pero la persona no es solamente su enfermedad. También tiene miedo, proyectos, vínculos, pérdidas, esperanzas y preguntas. “Afrontar juntos” también significa poder decir que no estamos bien, pedir ayuda cuando la necesitamos y encontrar un espacio donde nuestras emociones puedan ser escuchadas.

Por la Lic. Mariana Godoy
Psicooncóloga de la Asociación Civil Linfomas de Argentina (ACLA)
M.N. 63.094