Las PyMEs se lanzan a la inteligencia artificial, pero el 57% todavía no sabe si le sirve

LAS EMPRESAS ARGENTINAS ACELERAN SUS INVERSIONES EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL, PERO MUY POCAS SABEN CUÁNTO DESTINAN REALMENTE A ESTA TECNOLOGÍA O CÓMO MEDIR SU IMPACTO. SIN ESTRATEGIA, INDICADORES Y OBJETIVOS CLAROS, EL RIESGO ES QUE LA IA SE CONVIERTA EN UN GASTO MÁS Y NO EN UNA VENTAJA COMPETITIVA.

La inteligencia artificial ya ocupa un lugar en la agenda de las PyMEs argentinas. Sin embargo, mientras la adopción crece a un ritmo acelerado, aparece un nuevo desafío: transformar esas inversiones en resultados concretos para el negocio.

Según la Encuesta de Adopción de IA en Pequeñas y Medianas Empresas de la Argentina, el 68,2% de las empresas tiene previsto invertir o continuar invirtiendo en inteligencia artificial durante los próximos dos años. No obstante, solo el 7,5% cuenta con un presupuesto específico para este tipo de iniciativas. En la gran mayoría de los casos, el gasto se encuentra diluido dentro del presupuesto general de tecnología, dificultando el seguimiento de la inversión y la evaluación de su retorno.

El problema no es invertir, sino saber para qué
El entusiasmo por incorporar inteligencia artificial llevó a muchas empresas a comenzar con pruebas piloto, herramientas de uso cotidiano o licencias individuales. Sin embargo, cuando la implementación no responde a objetivos concretos del negocio, resulta difícil determinar si realmente genera valor.

Esta situación queda reflejada en otro dato del estudio: el 57% de las empresas que ya utiliza IA reconoce que todavía no mide su impacto mediante indicadores específicos. En muchos casos, esto ocurre porque las iniciativas surgen de manera descentralizada: distintas áreas incorporan herramientas por su cuenta, sin objetivos compartidos ni criterios comunes para evaluar los resultados. El efecto es que la empresa suma tecnología, pero pierde visibilidad sobre cuánto invierte y qué beneficios obtiene.

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“Muchas empresas están incorporando herramientas de inteligencia artificial antes de resolver un problema más básico: contar con procesos estandarizados y datos confiables. La IA puede acelerar decisiones, automatizar tareas o detectar oportunidades, pero si la información está dispersa o es inconsistente, solo acelera los mismos errores. El ERP es la plataforma que organiza esa información y convierte a la inteligencia artificial en una herramienta capaz de generar valor para el negocio.” – Gustavo Viceconti, CEO de NeuralSoft.

Del experimento al retorno de la inversión
Para que la inteligencia artificial deje de ser una prueba aislada y se convierta en una capacidad estratégica, primero es necesario ordenar la operación. Eso implica estandarizar procesos, centralizar la información y construir indicadores confiables, tareas que los sistemas ERP vienen desarrollando exitosamente desde hace años.

En muchas organizaciones, la incorporación de IA comienza por herramientas puntuales para generar contenido, resumir información o automatizar tareas administrativas. Sin embargo, cuando esas soluciones funcionan sobre datos dispersos o procesos poco estructurados, su impacto suele ser limitado y difícil de sostener en el tiempo.

La inteligencia artificial no genera conocimiento por sí sola: su capacidad depende de la calidad, consistencia y disponibilidad de la información que recibe. Por eso, las empresas que obtienen mejores resultados son aquellas que primero construyen una base sólida de gestión y luego incorporan la IA para potenciarla.

El costo de una estrategia de inteligencia artificial, además, no se limita a las licencias de software. También incluye el tiempo destinado a revisar procesos, integrar sistemas, preparar la información, capacitar a los equipos y acompañar el cambio organizacional. Recién sobre esa base resulta posible evaluar con precisión si la IA está reduciendo tiempos, disminuyendo errores, mejorando la productividad o generando nuevas oportunidades de negocio.

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La verdadera ventaja competitiva empieza antes de la IA
La adopción de inteligencia artificial seguirá creciendo durante los próximos años, pero no todas las empresas obtendrán los mismos beneficios. La diferencia no estará en quién incorpore más herramientas, sino en quién haya construido primero una gestión capaz de transformar esa tecnología en mejores decisiones y mejores resultados.

Más que una carrera por sumar nuevas aplicaciones, el desafío será desarrollar procesos sólidos, información integrada y criterios claros para medir el impacto de cada iniciativa. En ese escenario, la inteligencia artificial deja de ser un experimento tecnológico para convertirse en una capacidad estratégica.

“La inteligencia artificial no reemplaza la gestión: la potencia. Un ERP no compite con la IA; la hace posible. Es el sistema que organiza los procesos, integra la información del negocio y genera los datos sobre los que la inteligencia artificial puede aprender, analizar y aportar valor. Sin esa base, es muy difícil que las inversiones en IA se traduzcan en mejoras concretas para la empresa.” cierra Viceconti.