Entre dunas y fuego

CREÍSTE QUE LOS GRANDES DESTINOS DE PLAYA SE DEFINÍAN POR EL PAISAJE. ARENA BLANCA, HORIZONTE ABIERTO, UNA LUZ QUE TODO LO ENVUELVE. COMPORTA TIENE TODO ESO, AUNQUE HAY ALGO MÁS SUTIL QUE EMPIEZA A GANAR PROTAGONISMO: LA FORMA EN QUE SE COME ESE TERRITORIO, LA MANERA EN QUE EL ENTORNO SE TRADUCE EN UNA EXPERIENCIA QUE ATRAVIESA LOS SENTIDOS.

En ese cruce aparece Elemento Atlantico, el restaurante diseñado por Philippe Starck en la Quinta da Comporta, ahora con una nueva dirección culinaria a cargo de Manu Buffara. La llegada de la chef brasileña marca un giro en la propuesta, una lectura más profunda del paisaje que se extiende entre arrozales, dunas y océano.

El espacio ya proponía una narrativa particular. Una estructura de madera que remite a un refugio de montaña, instalada en medio de un escenario marítimo. Ese contraste funciona como punto de partida. La arquitectura se abre al exterior, deja entrar la luz, el viento, el sonido constante del Atlántico. Todo parece pensado para que el entorno no sea un fondo, sino una presencia activa.

La cocina de Buffara se inserta en esa lógica. Su trabajo, reconocido en Curitiba, siempre estuvo atravesado por la relación con el territorio, la estacionalidad, los productores. En Comporta, ese enfoque encuentra un nuevo lenguaje.

El menú se construye a partir de lo cercano. El arroz cultivado en la zona, los cítricos que crecen bajo el sol portugués, los higos y las almendras de los alrededores. Ingredientes que hablan del lugar y que, en manos de la chef, adquieren otra dimensión. La propuesta se inclina hacia lo vegetal, con una presencia medida del mar, integrada con naturalidad.

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Los platos revelan ese cruce de influencias. Un bacalao con col que retoma la tradición portuguesa y la desplaza hacia un registro más ligero, con hierbas locales y pimientos asados. Un arroz cremoso que combina anacardos con gambas carabineros, uniendo dos universos en una misma preparación. Ostras salvajes con maracuyá y aceite de coco que introducen acidez, frescura, una referencia directa a Brasil sin perder el anclaje atlántico.

La parrilla aparece como un punto de encuentro. Carnes y pescados pensados para compartir, en una dinámica que acompaña el ritmo del lugar. Almuerzos largos después de la playa, mesas que se extienden mientras el sol cambia de posición, una cocina que acompaña sin imponerse.

Hay una idea que atraviesa todo el proyecto. La de conexión. Entre Portugal y Brasil, entre producto y paisaje, entre arquitectura y gastronomía. Esa relación se percibe en cada detalle, en la manera en que los sabores dialogan con lo que ocurre alrededor.

Elemento Atlantico se transforma así en algo más que un restaurante. Funciona como una extensión del entorno, un espacio donde la experiencia se construye a partir de múltiples capas. La vista, el sonido del viento, la textura de los ingredientes, el ritmo del servicio.

La elección de Buffara refuerza esa dirección. Su cocina aporta sensibilidad, una forma de interpretar el territorio que evita la literalidad. No se trata de replicar recetas, sino de entender qué tiene sentido en ese lugar, en ese momento.

Comporta, en este contexto, se consolida como un destino que va más allá de la imagen. La gastronomía empieza a ocupar un lugar central, como una forma de explorar el paisaje desde otro ángulo.

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La reapertura de Elemento Atlantico introduce una nueva etapa. Un verano donde el océano sigue marcando el ritmo, aunque ahora con una propuesta culinaria que amplifica esa experiencia.

El resultado se percibe en algo difícil de definir con exactitud. Una sensación de coherencia, de equilibrio entre lo que se ve, lo que se prueba y lo que se vive. Un lugar donde todo parece estar en diálogo constante.

Entre dunas, madera y fuego, la cocina encuentra su espacio. Y en ese encuentro, Comporta suma una nueva forma de ser recorrida.

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello