Más allá de la grieta: ¿Quiénes son los buenos docentes para los argentinos?

AL REVISAR LAS NOTICIAS SOBRE LOS DOCENTES EN REDES SOCIALES, PARECE INEVITABLE CAER EN ESA GRIETA QUE SUELE DEVORAR CUALQUIER DEBATE PÚBLICO SOBRE EDUCACIÓN. SIN EMBARGO, LOS DATOS DE UNA ENCUESTA REPRESENTATIVA A NIVEL NACIONAL, QUE REALIZAMOS EN EL MARCO DE LA ESPOP DE LA UNIVERSIDAD DE SAN ANDRÉS, MUESTRAN UN PANORAMA SORPRENDENTE.

Nueve de cada diez argentinos coinciden en cuatro atributos de los buenos docentes: que se preocupen genuinamente por el bienestar de sus alumnos; que logren que los estudiantes tengan aprendizajes significativos para la vida; que conozcan profundamente su materia; que propongan actividades interesantes. Estos datos confirman que, para los argentinos, la experticia docente no depende de un solo factor, sino de una mirada integral que equilibra el saber disciplinar con el compromiso personal y las buenas prácticas pedagógicas.

De entrada, nuestro estudio desarma un mito: para los argentinos, la disputa clásica que enfrenta la empatía y los aspectos relacionales con el saber profundo de la materia no es tal. Establecer un vínculo sólido con los estudiantes es tan crucial como dominar en profundidad la materia que se enseña. Para comprobarlo, basta con hacer memoria: los invitamos a pensar en esa maestra o profesor que los marcó en la escuela y considerar en qué medida reunía estas dos cualidades.

Una segunda sorpresa nos llevamos cuando vimos que, a pesar de la polarización política en Argentina, existe un amplio consenso transversal entre los que fueron en las últimas elecciones votantes de Sergio Massa y Javier Milei sobre las cualidades que definen a un buen docente. La mayoría de las prácticas, como lograr aprendizajes significativos, proponer actividades interesantes o preocuparse por los alumnos, obtienen niveles de aprobación similares en ambos grupos. Sobre qué caracteriza a los buenos docentes, no hay grieta.

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¿Y cuántos buenos docentes hay en Argentina? La mayoría: el 61% de los docentes argentinos son calificados como buenos o muy buenos, frente a sólo un 19% que dejó una impresión negativa. La imagen pública del docente argentino es, a pesar de lo que suele sugerir el debate mediático, mayoritariamente positiva.

Finalmente, más allá de lo que piensan sobre los docentes, queríamos explorar qué emociones despierta la docencia en los argentinos. El trabajo docente en Argentina despierta sentimientos profundamente positivos en la ciudadanía, centrados primordialmente en la admiración y el respeto, seguidos, en menor medida, por reconocer la vocación y el orgullo. Este reconocimiento se complementa con un imaginario emocional que asocia la tarea con el amor, la pasión, la gratitud y la esperanza. De hecho, aunque una gran parte de la sociedad considera que la docencia es una actividad única que no se parece a ninguna otra, quienes encuentran comparaciones suelen vincularla con roles de cuidado y entrega esenciales, como los de los médicos, los padres o las madres. Esta alta estima social es un fenómeno transversal en todo el país, ya que las emociones que la profesión genera no presentan variaciones significativas según la región geográfica ni la clase social de los encuestados.

El problema de fondo no es la percepción ciudadana. El problema es la brecha entre lo que la sociedad valora y lo que el sistema educativo hace con esa valoración. Existe un amplio consenso sobre qué caracteriza a los buenos docentes. Lo que falta es voluntad política para construir una carrera docente que los reconozca: que distinga y premie la excelencia, que acompañe con seriedad a quienes necesitan mejorar. Los argentinos ya saben lo que quieren. Falta que quienes deciden los escuchen.

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Autores: Ezequiel Gomez Caride, Gustavo Fischman, Diego Reynoso y Lourdes Gil Deza.