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RCP, DEA y la optimización del tiempo en el infarto: todo lo que necesitamos saber para salvar vidas

RCP, DEA y la optimización del tiempo en el infarto: todo lo que necesitamos saber para salvar vidas
13 Jun
2021

El infarto de miocardio está entre las primeras causas de muerte y discapacidad a nivel mundial. El mismo es producto de la obstrucción de una arteria coronaria producto de la acumulación gradual de colesterol junto al agregado de forma súbita de un coágulo producto de la “rotura” de una placa aterosclerótica.

Esto ocasiona una alteración del flujo sanguíneo natural hacia el corazón con la consiguiente falta de oxígeno, un elemento vital para las fibras cardíacas. Es por ello que el diagnóstico y tratamiento deben ser lo más rápido posible.


El peor escenario que puede presentar una enfermedad cardiovascular es el paro cardiorrespiratorio (PCR). El PCR se manifiesta cuando una persona se encuentra inconsciente y sin pulso, el cual debemos buscar en la parte externa del cuello.


¿Qué debemos hacer ante una situación de este estilo?
Si nos encontramos ante un caso de muerte súbita o paro cardiorrespiratorio (PCR) debemos activar el llamado al servicio de emergencias médicas y comenzar con las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP). Para ello es necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones:
- Verificar que la escena sea segura.
- El paciente debe encontrarse acostado sobre una superficie rígida y boca arriba.
- La persona que asiste debe colocarse de rodillas –en forma perpendicular al cuerpo del paciente- y colocar la base de su mano derecha sobre la parte media inferior de su pecho, mientras que la otra mano debe colocarse por encima de la primera. De esta manera, podrá realizar compresiones rítmicas y sostenidas (100-120 por minuto), manteniendo los codos rígidos, sin flexionar, para brindar una reanimación de alta calidad.
- Las ventilaciones requieren de una frecuencia de 2 cada 30 compresiones; las cuales van a depender que contemos con dispositivos de barrera si es un paciente desconocido, y más en este contexto actual de pandemia.
- Es de suma importancia realizar de forma precoz las compresiones torácicas, luego de haber activado el servicio de emergencias médicas. - La reanimación debe continuar hasta el arribo del servicio de emergencias pre-hospitalario. En caso de contar con un DEA cerca de la escena donde se asiste al paciente, se podrá utilizar como complemento de las maniobras de RCP.


Es importante recordar que un DEA es un dispositivo electrónico que permite examinar el ritmo cardíaco para determinar si es necesario proporcionar una descarga eléctrica a una persona que se encuentra en paro cardíaco. Este dispositivo es sumamente sencillo de utilizar y consta de dos parches que se colocan en el pecho del paciente para registrar el ritmo cardíaco. En caso de reconocer un ritmo desfibrilable (FV/TV), el dispositivo nos indicará que nos alejemos de la persona, ya que procederá a realizar una descarga eléctrica automática, para luego continuar con la reanimación manual (RCP).


La importancia de la optimización del tiempo en el infarto
El tiempo total durante el cual una persona sufre mala oxigenación o isquemia miocárdica se desarrolla desde el inicio de los síntomas hasta la apertura de la arteria en cuestión y comprende dos etapas:
- Tiempo del paciente: es el tiempo que tarda el paciente en realizar una consulta médica.
- Tiempo del sistema: se trata de la respuesta del sistema de salud frente a un paciente que consulta por síntomas de infarto. Esto comprende la atención de los servicios de emergencias y también a las instituciones que tratan a estos pacientes.


El tiempo puerta-balón (TPB) es el tiempo que transcurre desde que el paciente llega al centro asistencial con capacidad de realizar ATCp (angioplastia coronaria transluminal percutánea) hasta que se logra la apertura de la arteria en cuestión y este tiempo constituye un factor crucial que determina la eficacia del centro asistencia y es considerado como uno de los principales indicadores de calidad de atención.


Asimismo, las guías clínicas recomiendan que el TPB sea menor a 90 minutos. Para lograr este objetivo, se necesita contar con un trabajo multidisciplinario y coordinado entre todos los actores que intervienen en la atención de los pacientes, es decir, el personal de admisión de guardia, los médicos de guardia, la unidad coronaria y los hemodinamistas, enfermeros y técnicos.

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