Argentina: el 38% de las personas son hipertensas y sólo la mitad conoce su condición

La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo de muerte e invalidez en el mundo. La concientización sobre sus causas y consecuencias debe ser un objetivo claro para médicos y pacientes, contemplando sobre todo la preocupación que arrojan los resultados de estudios recientes.

En Argentina, como se observa en el Registro Nacional de Hipertensión Arterial (RENATA 2) realizado en 2016, alrededor de 16 millones de personas sufren la enfermedad. Una de cada 2 personas mayores de 50 años es hipertensa. Esta situación, de acuerdo con los datos presentados recientemente en la 4° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo –ENFR-, realizada en forma conjunta entre la Secretaría de Gobierno de Salud de la Nación y el Instituto de Estadística y Censo -INDEC-, ha empeorado desde el 2005 hasta ahora, lo que destaca la necesidad de fortalecer las acciones asociadas a la concientización sobre esta enfermedad.

Lamentablemente, los datos de la ENFR confirman los obtenidos en los estudios RENATA I y II. De cada 10 personas que creen tener presión arterial normal, 3 son en realidad hipertensos. Pero aún peor, de cada 10 personas que saben que son hipertensas, 6 no tienen su presión arterial controlada, con el consiguiente riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular. Ante este grave problema es importante fortalecer el mensaje que todas las personas mayores de 18 años tienen que controlarse la presión arterial, al menos una vez al año. Y que un paciente hipertenso no está controlado, y menos “curado”, por el simple hecho de tomar medicación. Aún con tratamiento debe evaluar su presión arterial periódicamente.


La encuesta 2018 también incluyó por primera vez, la realización de mediciones físicas en las que, además de relevar la presión arterial, se registró el nivel de glucemia (8,4% de las personas tenían glucemia capilar elevada), y el colesterol en sangre (30,7% de los individuos lo tenian mayor o igual a 200 mg/dl). En cuanto al peso corporal, se evidenció que de cada 10 individuos 6 tuvieron exceso de peso, registrando sobrepeso 3 de cada 10 y los otros 3 mostraron obesidad. Esto último se asocia con un bajo consumo de frutas y verduras. Menos de una de cada 10 personas realiza una dieta adecuada. Como observación positiva, el indicador de utilización de sal luego de la cocción o al sentarse a la mesa, por autorreporte, mostró un leve descenso respecto a 2013.


“La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda consumir entre 3 y 6 gr de sal por día, cuando los argentinos consumimos más del doble”, afirma Juan Carlos Pereira Redondo (M.N 67509) director del Consejo Argentino de Hipertensión Arterial de la Sociedad Argentina de Cardiología y jefe de la Unidad de Hipertensión Arterial del CEMIC. “Si tenemos en cuenta que la mayor cantidad de sodio se incorpora a través de los alimentos procesados y las bebidas, se hace necesario que todas las personas tengan presente esta realidad para poder reducir su consumo tanto en alimentos como en agua para prevenir la Hipertensión Arterial”, agrega el profesional.


“Cuando hablamos de una enfermedad crónica el control y el seguimiento periódico es necesario; así la Hipertensión Arterial se controla, no se cura. Hay que asegurar una evaluación amplia del Riesgo Cardiovascular en todas las personas que padecen la enfermedad. Esto nos permite detectar pacientes hipertensos con mayor riesgo cardiovascular como las personas que padecen Obesidad, Diabetes, Hipercolesterolemia, etc. Debemos incentivar una dieta adecuada, un plan de ejercicio adaptado al paciente y no solo limitarse a la prescripción de una indicación médica, sino también comprometernos en el acompañamiento continuo del paciente”, sostuvo el médico.


Como mensaje final en el Día Mundial de la Hipertensión Arterial: “Debemos remarcar que toda persona tiene que conocer su Presión Arterial y que los médicos debemos controlar la misma en cualquier tipo de consulta. Controlar la Hipertensión Arterial es una condición necesaria pero no suficiente para disminuir el riesgo cardiovascular del paciente. Debemos acompañar a nuestros pacientes a realizar un cambio de estilo de vida, con una dieta adecuada y un plan de ejercicio individualizado.“

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