Norte en Línea - Vino a construirnos un sueño

Vino a construirnos un sueño

Vino a construirnos un sueño
26 Oct
2020

Retrocedo 10 años al miércoles 27 de octubre de 2010. Amanecí con dos llamadas perdidas de Leo. Entendí que era algo urgente y le devolví la llamada, lo primero que me dijo fue: “Se murió Néstor. No salió en ningún lado pero se murió”.

Casi sin entender nada corté y prendí la computadora, busqué el diario y sólo decía que estaba internado. Entendí todo al recordar que hace unas semanas o días habíamos ido a hacerle el aguante a una clínica sobre la avenida Juan B. Justo en Capital, lo habían internado y decían que era grave. Me senté en el sillón del living a llorar. Al rato la mala noticia se confirmó.


En ese momento, empezaron los mensajes y llamados cruzados entre compañeres para ver que hacíamos: ¿vamos a la plaza? ¿Esperamos a coordinar bien y llegar en conjunto? A todo esto aún faltaba que pasen por mi casa a hacer el censo, porque ese día lo más relevante tenía que haber sido el Censo Nacional.


Decidimos juntarnos en la estación de Munro del tren Belgrano a las 3 o 4 de la tarde, para ir juntes con varies compañeres. Desde el mediodía ya empezaba a llegar gente a la Plaza de Mayo, dejaban flores, banderas, fotos, cartas, empezó un velorio colectivo que duró varios días en el cual fuimos millones. Colas y colas de personas, de más de 10 horas, para poder llegar a la Casa Rosada y darle nuestro último adiós a Néstor. Lo acompañamos bajo una lluvia torrencial hasta la puerta de Aeroparque, su último viaje fue a Río Gallegos, quisimos acompañarlo hasta la puerta del avión pero las fuerzas de seguridad nos lo impidieron.


Retrocedo 7 años más, feriado del 25 de mayo de 2003, teníamos plenario para empezar a pensar si agrandábamos la organización, nos abríamos a otros barrios y discutíamos qué relación íbamos a tener con el gobierno. La radio estuvo encendida durante todo su discurso en el Congreso: “Vengo a proponerles un sueño”, se escuchó de fondo.


Pocos meses después nos convenció. No lo habíamos votado y no le creíamos, pero avanzó a paso tan firme que quisimos ser parte de lo que se estaba gestando, y él con su forma tan particular empezó a conducirnos. Personalmente dudaba bastante, la razón me frenaba un poco, pero algo adentro me decía que era el camino.


Un año después, el 25 de Mayo de 2004, fui a festejar el inicio de muchísimos más 25 de Mayo en la Plaza. Como ese festejo del primer año de gobierno que cerró con el himno Charly junto a Cristina y Alberto mirando desde el escenario. No estaba tan llena la plaza, pero era un buen comienzo para empezar a salir del infierno como él nos decía.


Habían pasado casi dos meses de un momento único que me terminó de enamorar, bajó los cuadros de los genocidas en la ex ESMA, pidió perdón en nombre del Estado argentino y convirtió el predio en un museo de la memoria.


Podría escribir miles de palabras para describir uno por uno los logros que nos cambiaron la vida a millones de argentinos y argentinas, pero seguramente habrá muchos y muchas que lo hagan mejor. Prefiero recordarlo así, como el dirigente político que me hizo palpar que el Estado podía cambiarle la vida positivamente al pueblo, el que me marcó que nunca hay que dejar las convicciones en el camino, el que me terminó de hacer peronista para poder sentir lo que dijo Leonardo Favio: “Soy peronista porque no se puede ser feliz en soledad”.


Gracias Néstor, te voy a recordar siempre y este pueblo nunca te va a olvidar. Imposible apagar tanto fuego.

Por Joaquín Noya.

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