Norte en Línea - Asseff

El cambio en la Argentina tiene muchos obstáculos y trabas. Luego de tantas décadas de ir estructurando esta Argentina enrevesada y decadente no es sencillo reformarla. Se ha naturalizado la distorsión. Un caso clarísimo es el piqueterismo imperante.

¡Qué formidable consigna! Un país – una patria – justa, libre y soberana. Con esas tres banderas, el 24 de febrero de 1946 Perón ganó las elecciones contra su competidor, el radical José Tamborini. Fue una victoria neta, pero no rotunda; 53,71% a 46,29%. Han pasado 76 años de los cuales casi 39 ha gobernado el partido airoso en los inicios de 1946.

Los “ni-ni” son más de dos millones de jóvenes de 18 a 24 años que no trabajan ni estudian. Es un modo habitual de eludir la cuestión de fondo – en este caso una anomalía socio-educativo-económica formidable - tachándola de estigmatizante. Así, en lugar de abordarlo, se esconde el asunto. Nadie los acusa a los “ni-ni”.

El descontento se generaliza. Es casi lo único que crece en la Argentina junto con dos enemigos públicos: la ignorancia y la pobreza. En los hechos todo está desacreditado y lo peor es que la Argentina se halla en las antípodas de aquella fama que la distinguió en el planeta hace apenas 120 años.

Alberto Asseff (**), Diputado Nacional del Frente Renovador, presentó un proyecto de ley para que se declare a Campana como “Capital Nacional del Asado de Tira”.

No hay mejor sinonimia de progreso que educación. Correlativamente no existe más semejanza que la que une ignorancia y atraso. Sin embargo, en nuestra Argentina trastrocada los pontífices del ‘chamuyo’ progresista despliegan una retórica tan cínica como desquiciante.

El presidente Fernández no sólo no tiene plan económico a pesar de que lleva 27 meses ejerciendo la titularidad del Poder Ejecutivo Nacional, sino que hace más de un año se ufanó de ello: “No tengo plan ni quiero tenerlo”, expresó terminante, inequívocamente.

¡Qué encerrona!

Nuestro país está peor que a la deriva. Resignado espiritualmente, abatido moralmente, empobrecido humana y materialmente, sin plan ni rumbo, dividido, sin zanjar cuál es la matriz que tribute a su desarrollo- unos decimos que es con inversiones privadas, otros que se logra con emisión monetaria sin importar la inflación y con ‘mucho Estado’ -posturas tan antitéticas que obstruyen cualquier análisis sereno y racional -, invadidos por la incertidumbre, inmersos en un abrumador pesimismo colectivo Obviemos seguir esta saga sombría. Lo irrefutable que en estos días nos hallamos en una encerrona por no decir en una trampa fenomenal.

El diputado nacional Alberto Asseff- JxC - dijo que “nadie en JxC quiere el default porque nosotros no pertenecemos a los que se enrolan en “cuanto peor, mejor”, pero no aprobaremos junto con la autorización a endeudarse con el FMI un programa económico y fiscal porque esto es exclusiva responsabilidad del gobierno.

La política, como la vida, es circular. Luego de un largo ciclo populista que tanto daño nos ha hecho bajo la noción de que se debe administrar pobreza, antes que crear riqueza, está volviendo a la Argentina las premisas que hicieron grande al país a fines del siglo 19. Timidamente asoma en la sociedad la conciencia de que el trabajo, la industria y la innovación, antes que color político son la verdadera identidad que nos forma como república y nos acerca a atisbar la Argentina moderna y próspera.