Jodámonos ahora, ¿para disfrutar después?

Jodámonos ahora, ¿para disfrutar después?
11 Oct
2018

La revolución de la alegría, esa gobbelliana actitud de que todo está bien, tiene una pieza estratégica, que sustenta la supuesta venidera felicidad: el sacrifico actual con promesa de un futuro lleno de dicha y bienestar. Esto no es nuevo, desde 1976 con la Dictadura, los liberales repiten el discurso sin cesar, pero ¿alguna vez dio resultado?

Los pedidos de "sacrificio" del macrismo hacia la población han sido muchos, desde el mismo momento en el cual empezaron a ejercer el poder. No es un gobierno que distinga por las sutilezas discursivas, pero mucho menos por interpretar nuestra historia.


Con la fatídica dictadura cívico militar del 76, se comenzó a instalar el relato neoliberal que hoy florece cual pistilos en esta época del año. Las frases no son muchas, porque la variedad no suele prosperar entre ortodoxos, pero vale la pena mencionar algunas:

"Primero hay que crecer para poder distribuir" o "tienen que llegar la lluvia de dólares para después poder repartir". Como dice Hugo Nochteff, "la secuencia invertir, crecer, distribuir, se instaló como una verdad indiscutible", dicho en otras palabras, con menos estado, menos regulación, vendrían las inversiones, después el crecimiento y después la redistribución. ¿Lo viste alguna vez?


Entre los slogans mas repetidos y poco analizados, probablemente por la crudeza que representa en la vida de un trabajador, es que "hay que consumir menos para crecer más". En fin, un mundo de premisas clásicas, tendientes a la concentración de aquellos que siempre tuvieron ventajas.


Pero los datos tiran por la borda todas estas cuestiones, solo por tomar algunos datos, desde 1976 hasta entrados los 2000, el Producto por habitante decreció. Como vuelve a decir Hugo Nochteff, "a pesar de los más y los menos, la caída del ingreso de los argentinos fue nítida".

Los datos, del BCRA, y diversos ministerios, también muestran que a pesar de la predica, la inversión es otro indicador bajó en ese periodo, al igual que la productividad. Ni hablar con la dramática caída del empleo durante los '90. Así podríamos seguir citando fuentes y datos, pero el caso argentino demostró que el sacrificio actual, el tirar por la borda a la mitad de los argentinos en beneficio de un supuesto futuro de abundancia, no existe.


Mientras es status quo disfruta de escuchar a los sinvergüenzas que repiten las frases de los libros académicos, Argentina nos golpea con la realidad y nos obliga a pensarla.

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