Ricardo Darín En Diálogo con Longobardi

Ricardo Darín En Diálogo con Longobardi Crédito de En Diálogo con Longobardi/CNN En Español
19 Ago
2019

“Estamos acostumbrados a esa costumbre medio tilinga de creer que todo lo que viene de afuera es mejor”.

El actor argentino más reconocido en el mundo, ganador del Oscar por El Secreto de Sus Ojos y actual protagonista y productor de “La Odisea de los Giles”, En Diálogo con Longobardi. Ricardo Darín debuta como productor junto a su hijo, y repasa distintos temas y momentos de su vida que lo marcaron. “No soy optimista, soy positivo”, dice de sí mismo.


Cómo fue trabajar con su hijo y socio, Chino Darín, en La Odisea de los Giles:
“Fue una aventura que recién comienza, porque por lo que intuyo, no sólo voy a aprender mucho de él sino que vamos a discutir. Pero como fue una idea de él −de él fue la idea de que teníamos que tener una productora para llevar adelante proyectos que nos interesaran, que nos movilizaran, por pequeños que fueran y poder estimular y sostener las ideas de otros y demás−, como fue una gran idea y yo la fumigué durante dos o tres años para ver si podía sobrevivir a la sobrecarga de trabajo, finalmente caí en las redes. No me gusta decir que lo estoy acompañando, pero es un poco eso. Me parece que es un proyecto de él que yo voy a ayudar a sostener y con un socio que tenemos, que es un fenómeno de otro planeta que se llama Federico Posternak, que tiene una capacidad de trabajo que nunca vi −solamente en mi madre vi una capacidad de trabajo similar−, estamos muy de ida. Pero yo no estoy en una edad como para estar tan de ida, ellos sí. Entonces estoy solo acompañando.”


Cuáles son las normas del mundo del espectáculo que vio y que él no es:
“Una vez un actor muy famoso, una estrella de esas que no pueden caminar por la calle −frase que he escuchado muchas veces−, me dijo que la gente para verlo a él, para estar cerca de él, tenía que pagar un ticket, una entrada en el teatro, y por eso él no andaba por la calle, vivía guardado. Y dije: <guau. Pero ¿tenés amigos?>. Yo era muy chico. <Pocos>, me dijo. <Si quieren que vengan a casa, yo no ando por ahí, no me tienen que ver gratis>. Se había comido el personaje.”


Sobre el cine argentino y por qué es distinta la visión acá y en el exterior, no solo del cine:
“Nos va muy bien afuera. Pero en casi todas las cosas nos va bien afuera, Si lo pensás con un poco de detenimiento, nosotros vivimos −a veces justa o injustamente− en situaciones de gran privilegio, de prestigio, por diferentes motivos: a nivel deportivo, cultural, artístico y demás. Nosotros tuvimos siempre, lamentablemente, sujetos −estoy generalizando y siempre es una injusticia generalizar− pero es como una tendencia−: solo consideramos y valorizamos las cosas propias cuando alguien de fuera las reconoce. Entre nosotros es un poco más difícil, a lo mejor por la cercanía o porque estamos acostumbrados a esa costumbre medio tilinga de creer que todo lo que viene de afuera es mejor. Antes de pensar, antes de analizar, antes de leer.”


Acerca de su formación como actor:
“No tuve una formación académica. Fui a un montón de talleres, de experimentación. Recuerdo que de un taller me echaron escaleras abajo, o sea: me empujaron por las escaleras. Pero eso fue porque estaba con un amigo mío actor, también, con Pablito Codevila, y estábamos muy tentados, nos reíamos mucho de las cosas que nos tiraban los mayores, éramos muy chicos, 17 años. Hubo unos intentos de formación académica, pero hay otra escuela que es la cancha, el territorio, el terreno, en donde estás aprendiendo a veces sin darte cuenta lo que estás aprendiendo. Es prueba y error. Es algo que a veces en la parte teórica no se aplica.”


Sobre como sobrevivió una infancia inestable y qué consecuencias tiene esto hoy para él y para su hijo:
“En mi familia se ríen de la cantidad de previsiones que tomo antes de hacer un viaje. He tenido, por ejemplo, a la familia metida dentro de un coche en la vereda estacionado durante 40 minutos y yo revisando todas las cosas que tengo que revisar antes de salir. Soy de esa clase de enfermito que se llevan todo porque creen que van a necesitar todo. Yo creo que esas cosas están directamente ancladas en algo que te pasó cuando eras chico, en la niñez. Yo me iba al colegio, mis viejos en la última etapa no se llevaban bien antes de separarse, y había un clima enrarecido en la casa. Yo a eso le atribuyo el hecho de que yo me iba al colegio con una valija y me llevaba ropa en la valija, a los 10 años, 11. Me llevaba cosas absolutamente innecesarias al colegio. ¿Innecesarias para quién? Para alguien que piensa que a lo mejor llega a su casa y está todo mal y que uno no puede volver a su casa. Yo tenia mi kit de supervivencia siempre a mano. Y mi hijo anda con unas cosas rarísimas en la mochila. Vos le pedís una llave 11-14 para sacar el pico… y al segundo se fija y no tiene esa, pero tiene otra que si se combina con otra…”


Acerca del miedo como aglutinante:
“El miedo al otro es una herramienta que han encontrado en muchas ocasiones −históricamente si lo revisamos descubrimos por dónde viene la cosa− para aglutinar. Si en este momento todos los que estamos acá recibimos una información de que alguien fuera de este recinto está atentando contra nosotros, más allá de nuestras posibles diferencias, de nuestras creencias, de nuestras religiones y demás, automáticamente seguramente nos constituimos en un grupo de defensa. Y vamos a creer que eso que todavía no vimos, que esa tracción que nos contaron que está afuera nos obliga a apiñarnos.”


Sobre por qué su sonrisa era el freno para que el director Fabián Bielinsky lo eligiera para el protagónico de Nueve Reinas:
“Lo primero que me dijo con Nueve Reinas, que fue la primera cosa que hicimos, fue <yo no pensé en vos en primera instancia para este personaje. Sos demasiado simpático para este personaje. Yo no quiero que este personaje sea simpático. De hecho, no quiero que sonrías. Para mí es un peligro que vos sonrías, porque vos sonreís y lográs empatía con la audiencia>. Y no nos salió. Esa fue la única que no nos salió. A pesar de que el personaje no sonríe, tiene una semi sonrisa, en un solo plano, en un momento crucial de la película. A pesar de eso, el personaje es tan chanta, es tan lacra humana, que termina causando gracia. Por eso digo que él tenía una maestría para causar gracia sin hacerse el gracioso. Y él me dijo: <no lo había pensado así, así que tenemos que tener cuidado: no quiero que seas simpático, no quiero que te quieran>, me dijo. Y lo intentamos, pero no nos salió del todo.”

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