Viviendo tiempos de angustia

Hasta el día hoy, las persecuciones contra la Iglesia no han cesado.

Hace unos años el Estado Islámico publicó en el Internet un video de la ejecución de trientes cristianos. Ahora los radicales en Pakistán están insistiendo que una cristiana sea ejecutada por supuestamente blasfemando al profeta Mohamed aunque la corte suprema allá le ha declarado inocente.

Sí es la verdad que la mayoría de los cristianos en el mundo no tienen que preocuparse de la pérdida de vida. Sin embargo, a menudo enfrentan la persecución de modos más sutiles.


Algunos políticos no pueden votar con su consciencia sobre el aborto por miedo de perder el apoyo de su partido. El aborto se ha vuelto en la cuestión más controvertida en la política norteamericana de modo que un partido prácticamente haya prohibido a sus representantes a tomar una posición en pro de vida.


Muchos jóvenes entran en guerra contra sus conciencias por miedo de perder una experiencia considerada buena. Se les hacen sentir como desvalidos si no tienen relaciones antes de casarse o si no prueban drogas. Es difícil decir “no” a la tentación cuando los medios masivos glorifican el sexo y promueven la legalización de marihuana.


No es raro que nos sintamos perseguidos en el trabajo. Puede ser por un jefe que siempre nos corrige aun cuando hacemos todo bien. Puede ser por las palabrotas de compañeros que nos quitan la paz. Puede ser por el pago insuficiente para cubrir las necesidades de la casa. No sabemos qué hacer cuando no se oyen nuestras quejas y no es factible buscar otro empleo.


Jesús prometió a sus discípulos que vendrá cuando la situación parezca no aguantable. Rescatará a su pueblo de la persecución y terminará sus dolores. Tan cierto como la higuera echa hojas en el verano, Jesús premiará a sus fieles con la salvación. Hasta entonces es de nosotros a seguir luchando… Pero no deberíamos pensar que estemos en la guerra solos. Pues tenemos el apoyo de Jesús mismo. Él forma a otros fieles mujeres y hombres para aliviarnos. Él despacha al Espíritu Santo para iluminarnos a discernir entre lo bueno y lo malo.

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires, Claudio Valerio

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