Un florero roto

Un florero roto
16 Oct
2019

Un misionero estaba sirviendo al Señor en África. Una vez por semana una chica venía a su casa para hacer la limpieza.

Un día, al limpiar su sala, la chica se descuidó y derribó un bello florero que estaba sobre una pequeña mesa. Al oír el ruido, el misionero se aproximó y vio la chica llorando. "¡perdóneme , señor! ¡perdóneme, Señor!" El misionero sonrió a ella y dijo: "No se preocupe. Yo la perdono, sí." La chica, entonces, dijo al misionero: "Quiero recibir ese Jesus que el Señor siempre me presenta. Veo que no es una simple predicación, pero una realidad en su vida."


Y nosotros, ¿testificamos, con nuestras palabras y actitudes, que Jesus es, verdaderamente, el Señor de nuestras vidas? ¿Comprobamos, en el díala-día que Jesus transformó nuestros corazones? ¿Brillamos cuando estamos en casa, en la calle, en la iglesia y adondequiera qué nos vean?


La mejor predicación que podemos hacer es el testimonio que presentamos sin decir una única palabra. Es lo que más convence el pecador, lo que más estimula nuestros amigos, qué más engrandece el nombre de Cristo. Vivir el Evangelio es más importante que proclamarlo.


¿Predicas la Palabra con la vida o solo con la boca? ¿O con ambos?


Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires) recibe un saludo, y mi deseo que Dios te bendiga y prospere en todo lo que emprendas; y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.


Por: Claudio Valerio

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