Norte en Línea - Asseff

La política, como la vida, es circular. Luego de un largo ciclo populista que tanto daño nos ha hecho bajo la noción de que se debe administrar pobreza, antes que crear riqueza, está volviendo a la Argentina las premisas que hicieron grande al país a fines del siglo 19. Timidamente asoma en la sociedad la conciencia de que el trabajo, la industria y la innovación, antes que color político son la verdadera identidad que nos forma como república y nos acerca a atisbar la Argentina moderna y próspera.

Recientemente se debatió en el seno de una reunión internacional organizada por la Asociación Argentina de Ética y Compliance (cumplimiento normativo) el motivo por el cual la ley 27.401 de responsabilidad penal empresaria que ya tiene cuatro años de promulgada no tiene en su órbita ningún caso en trámite.

“Ganamos perdiendo” justificaron – autoindulgentes – los derrotados en las elecciones legislativas del pasado 14 de noviembre. Ingeniosos para el ‘relato’, ineptos para la gestión.

La decadencia lleva medio siglo, si no más. En ese mismo lapso, el sudeste asiático emergió como uno de los polos del poder global, contrastando con nuestra declinación. Es un período suficientemente extenso como para brindar un análisis simplista.

Nadie puede refutar que la hondura inusitada de nuestra crisis moral, cultural, social, política y económica exige un alto grado de unión nacional para afrontarla y comenzar con la faena de revertirla. Generalmente se dice que debemos determinar algunos ejes principales y sobre ellos acordar estrategias de Estado. Por caso, convenir que la educación es servicio esencial y que debemos extender a todo el país las salas de 2 años.

Comenzó tímidamente hace 38 años. No cesa de crecer. Es prácticamente lo único que avanza en la Argentina, quizás junto con la producción agro-industrial, a pesar de todos los obstáculos que se le interponen. Configura algo patético: el progreso de la pobreza. Se trata de la Argentina planera.

Hemos pasado un umbral nunca imaginado en nuestra historia, sobre todo desde la Organización Nacional a partir de 1853. La Argentina es un país pobre con más de la mitad de la población en esa penosa situación. Y con perspectivas de que esto acrezca.

Se desarrolla en la sociedad una fuerte y creciente corriente republicana. La alarma acerca de nuestro futuro republicano se extiende correlativamente al peligro de ser atrapados por una autocracia.

Antaño era la oligarquía que fue diluyéndose a principios del siglo XX. Luego irrumpieron los ‘nuevos ricos’, un numeroso universo de neoprivilegiados a pesar de que “los únicos eran los niños” según rezaba la consigna omnivigente en los finales de los cuarenta.

El populismo ha hecho el milagro de que un país potente esté en franca y cada vez más acelerada decadencia. En nombre del pueblo, invocándolo, lo ha ido empobreciendo y como consecuencia, sometiéndolo. Su actitud es desembozada.