El Maestro Daniel Barenboim entrevistado por Jonatan Viale en #Perspectivas

El Maestro Daniel Barenboim entrevistado por Jonatan Viale en #Perspectivas
12 Jul
2018

Música y política, cultura y educación. Daniel Barenboim fue el entrevistado de Jonatan Viale en Perspectivas desde Buenos Aires.

El Festival Barenboim, donde dirigirá entre otras obras Tristán e Isolda y Richard Wagner en el Colón, trajeron a esta ciudad a quien es considerado mundialmente un maravilloso director y además, una persona capaz de congeniar en una misma orquesta músicos de todas las religiones. Argentina, Donald Trump, su postura en el conflicto Israel/Palestina, el antisemitismo de Wagner, Putin, la guerra, la vida y la muerte, fueron los temas abordados.

“Yo, como argentino, siento algo autodestructivo en la gente”, comenzó Barenboim. “Gente de muchísimo talento, de muchísimas posibilidades, se destruyen ellos mismos. Hay algo muy autodestructivo y eso no es tan solamente a nivel individual: es en la política, es en todo lo que sucede en el país. Es una lástima, la Argentina debería haber jugado en los últimos 10 años, un papel de liderazgo en toda América latina. Sin insultar a nadie, no puede ser que sea como todos los otros países, no puede ser que sea de una cultura europea, un país con una tradición, un país con sentido de calidad basta ver en la música lo que había en el Teatro Colón en los años 40: temporadas wagnerianas con los más grandes directores del mundo. Aquí venía Toscanini, venía Füster, venía toda la gente. Y ahora está vuelto en un país musicalmente provincial”.

Viale le preguntó el por qué esa decadencia cultural, a lo que Barenboim respondió: “Porque se dejó bajar primero el nivel de las orquestas, se dejó bajar el nivel de la dirección, es una gestión administrativa de todo lo que tiene que ver con la música”, a lo que agregó lo que denomina un fenómeno global: la ausencia de formación musical en las escuelas: “Mismo en la cuna de la música clásica, Austria, Alemania, están bajando la cantidad y la calidad de la expresión musical en las escuelas, que es un elemento muy raro. Y no lo digo porque soy músico, lo digo porque entiendo un poco la importancia de la música para el niño. Como el estudio de la música hace crecer el cerebro de un niño, desarrolla el nivel cerebral del niño y evidentemente lo enriquece emocionalmente. Porque la emoción que da la música es algo muy fuerte”.

Viale incorporó un elemento en esta decadencia de las artes: la tecnología. “El ser humano también es por naturaleza autodestructivo, no sólo el argentino, porque tiene la inteligencia, el genio de desarrollar tantas cosas tecnológicas... Cuando se piensa que no hace tantos años se iba a caballo y después de llegó al Concorde, luego en los años 50 empezaba la televisión en Europa y la gente decía que era un desastre, <los niños no van a hacer los deberes para la escuela>, como que la televisión fuese responsable. Hoy, con el Internet, exactamente lo mismo. O sea: el ser humano tiene la genialidad de descubrir e inventar cosas, pero luego no sabe manejarlas, se vuelve su esclavo, depende de ellas”, explicó Barenboim.

Su postura acerca del conflicto palestino/israelí fue el tema siguiente. Viale le recordó que siempre habla de un segundo Estado, ¿Por qué no puede haber un Estado palestino?, inquirió Viale. “Yo no lo entiendo. Lo hablé con todos los dirigentes políticos que conozco y la respuesta que me dan generalmente… En Alemania está el problema del pasado, de los nazis con los judíos, del holocausto y todo eso. Pero yo pienso que los alemanes han hecho sus cuentas con el pasado como ningún otro país en el mundo. El alemán no tiene solamente disgusto con su pasado, sino siente una responsabilidad. Eso es muy importante. Pero no se dan cuenta que empujando la solución de dos Estados ahora es una ayuda a Israel y no una crítica. Es una crítica a la política de este gobierno, pero a largo plazo, no sólo filosóficamente hablando, sino políticamente, es un desastre para el pueblo judío. Los judíos que fuimos perseguidos 20 siglos, casi siempre perseguidos por todo el mundo, pasamos de ser las víctimas a victimarios”, afirmó el director. ¿Pueden convivir los dos pueblos, el pueblo palestino y el israelí, en una misma tierra?, repreguntó Viale. “No tienen otro remedio. Si quieren vivir en esa tierra, no tienen otro remedio. Hay dos posibilidades: o que vivan juntos como un Estado nacional o que vivan uno al lado del otro. Pero no espalda a espalda”, aseveró Barenboim.

El director se sumó a las voces que rechazan la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de correr la embajada a Jerusalén, definido por Viale como un lugar crítico. “Lo único que demuestra es una ignorancia total. Ignorancia de la historia, ignorancia del pasado y, naturalmente, ignorancia del presente. Pero no importa si me gusta o no: es una cosa idiota, porque los palestinos siguen esperando que Jerusalén sea la capital del futuro Estado de Palestina. Entonces, ahora al mover la embajada a Jerusalén, es decir Jerusalén nunca va a ser la capital de un Estado palestino. Cuando no hay judíos, siquiera, que vivan en Jerusalén. Y se podría haber hecho con mucha más inteligencia: Jerusalén, capital de Israel, o Jerusalén, capital de un Estado palestino, o una capital para los dos Estados. Pero tomar la decisión de mover la embajada ahí demuestra que no piensan en el futuro”, opinó Barenboim.

Pero no sólo Trump es cuestionado por el director. Viale le recordó que dijo que entre la locura de Estados Unidos y el cinismo de Rusia, Barenboim afirmó sentir cierta satisfacción con Merkel, la canciller de Alemania, a quien define como racional, “y una mujer muy inteligente, que ahora tiene dificultades porque el espíritu de nuestro tiempo cambió. La falta de respeto es algo que no se veía antes de esta forma. Es una señora que guió el mundo durante tantos años y con cuidado, mucho más bien que mal. El triunfalismo occidental fue lo que creó a un Putin. Porque cuando cayó el muro de Berlín en el 89, era evidente que había una euforia extraordinaria. Yo estaba en Berlín, y con razón: la libertad y todo eso. Pero se perdió el equilibrio en el mundo, porque antes había un equilibrio casi físico: en Moscú pensaban que ellos eran los buenos y en Washington estaban los malos, y Washington al contrario. Uno impedía al otro de hacer locuras. Y además el hecho de que el comunismo no funcionó en la Unión Soviética, económicamente y en muchas otras cosas es evidente. Pero el capitalismo tampoco es perfecto. Se perdió la posibilidad de mejorar el capitalismo libertino porque lo otro había caído. En lugar de eso, se exageraron los valores egoístas del capitalismo y hubo una reacción de triunfalismo contra los restos de la Unión Soviética, que crearon el fenómeno Putin. El dinero se convirtió en la única manera de definir algo. Hay un documento del Departamento de Estado de principios de siglo donde definen la libertad como que si yo tengo algo que quiero vender, tengo que poder venderlo y todos tienen que poder comprarlo. Y si yo quiero comprar algo y eso existe tengo que tener el derecho. Y la Revolución Francesa y todo lo que se hizo para la libertad, los Estados y la independencia, el final del colonialismo, ¿eso qué es? Los americanos ganaron la guerra no en las batallas, sino el día que abrieron un McDonald’s en la avenida Champs Elysees en París”, resaltó Barenboim.

Es lo que en ciencia política se llama soft power, le agregó Viale, a lo que el director comentó: “Yo estuve en Viena, en 1952. Era una ciudad ocupada por las cuatro potencias: la Unión Soviética, Estados Unidos, Francia e Inglaterra. La locura de los vieneses era la Coca Cola, porque no había existido antes. Y con los americanos vino la Coca Cola. Hasta que un día vino el gran violinista soviético David Óistraj y tocó el concierto de violín de Beethoven, con la Filarmónica de Viena. Y todo Viena se puso pro soviético”.

Al final, Wagner entró en el escenario. “Wagner es uno de los compositores más importantes de la historia de la música. Porque supo por una parte juntar todas las influencias de su pasado, de la gente que le interesaba: Bach, Beethoven, Schuman, pero contemporáneamente a eso supo dar una idea de adonde podía ir la música. Hizo el enlace entre el pasado y el futuro”, definió Barenboim. Pero, como le planteó Viale, el compositor está asociado al nazismo. “Wagner fue un antisemita asqueroso, hay que decirlo. Hay tantos libros, literatura antisemita inglesa, francesa y alemana del siglo XIX realmente. El antisemitismo formaba parte del perfil nacionalista europeo. Wagner llevó esto a un grado de crueldad impresionante. Hay un libro que se llama El Judaísmo en la Música que es una barbaridad: hoy lo pondrían en la cárcel por eso. Muchas veces la gente me pregunta: usted cómo puede dirigir Wagner, ese antisemita. Y yo digo: si hubiese un contenido antisemita en las óperas de Wagner, naturalmente no podría dirigirlas. Pero no hay”, cerró Barenboim.

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