5 propuestas para mejorar el sistema educativo

5 propuestas para mejorar el sistema educativo
09 Nov
2017

Nuestro sistema educativo posee costos muy altos y aún presenta muchas falencias. Con algunos cambios se puede optimizar el presupuesto para contar con más recursos para la formación de nuestros chicos. Algunas ideas ya probadas dignas de analizar para su implementación.

Opinar sobre lo que existe, constructiva o destructivamente, es sencillo. Y lo parece mucho más cuando se trata de sistemas que no están alcanzando la eficacia deseable, como lo es el sistema educativo de nuestro país. Pero si uno quiere criticar debe también poder proponer soluciones o alternativas para mejorar lo existente y argumentos fundamentados de que esas ideas son aplicables y que poseen una buena probabilidad de alcanzar sus propósitos.

 

Es por ello que desde Vale la Pena buscamos aportar nuestro granito de arena con ideas de nuestra visión de proyecto educativo, basadas en conocimientos de gestión en general y de administración de instituciones educativas en particular; muchos de ellos apalancados sobre casos de aplicación exitosos que aportaron los profesionales de diferentes disciplinas que conforman nuestra asociación civil:

 

Colegios más chicos: Los resultados de las pruebas APRENDER de este año fueron contundentes: los colegios con menos alumnos obtuvieron mejores resultados. Pero la variable “tamaño” hay que desglosarla en varios indicadores relacionados con la misma:


• Supervisión: La capacidad de supervisión es el primer factor que se mejora en función del tamaño y es central en el buen funcionamiento. Y este indicador se puede desglosar a su vez en supervisión pedagógica (la que se realiza sobre los docentes) y la supervisión de conducta (la que se focaliza en los alumnos). Muchos colegios, especialmente en la gestión pública, son muy grandes, poseen una enorme cantidad de alumnos y docentes; y por ende se dificulta el control a todo nivel. Los docentes suelen estar en cantidades adecuadas a la cantidad de alumnos, pero sin una estructura que permita supervisarlos, la calidad pedagógica corre el riesgo de diluirse.


• Estructura: El personal administrativo y directivo suele presentar estructuras similares en cantidad de gente y organicidad en un colegio estatal de 8 divisiones por año como en un privado de división única. Esto implica un volumen de trabajo superior, sobrecarga laboral que afecta las capacidades tanto operativas como emocionales de estos trabajadores y atentando contra el principio de alcance del control.


• Identificación: La falta de identificación con la institución conlleva un menor compromiso por parte de alumnos y docentes, con su consecuente desempeño insatisfactorio. Y el tamaño es uno de los parámetros de la identificación, junto con la presencia de los directivos en el colegio y los criterios de justicia en la resolución de conflictos.
En síntesis: la eficiencia de una escuela es inversamente proporcional a su tamaño.

 

Administradores: En los colegios de gestión privada sus dueños (sean directivos o no; en este último caso bajo la figura del representante legal) suelen tener conocimientos de gestión ya que, independientemente del sueldo que puedan percibir si ocupan algún cargo, están más comprometidos con la generación de ingresos que le permitan mantener abierta la institución y generar algún nivel de utilidades. Pero en los de gestión estatal los directivos cumplen un rol mucho más orientado a la acción social; dejando de lado la función pedagógica que debería prevalecer. Y como no poseen una cultura de generación legítima de recursos (aunque a veces las cooperadoras, cada vez más escasas, suelen cumplir superficialmente ese papel), no hay una visión basada en la eficiencia de los recursos percibidos del Estado, en la generación de recursos propios y se actúa de manera reactiva a lo que se recibe desde las entidades gubernamentales.

 

Implementar la figura de un administrador, incluso por debajo o como anexa a la autoridad de los, puede ser una excelente decisión para optimizar los recursos y presupuestos, evitando gastos innecesarios que pueden costar menos al estado o ser redistribuidos para mejorar la infraestructura de la misma institución educativa. Incluso un administrador podría estar al frente de la gestión de 3 ó 4 colegios para no encarecer la plantilla salarial, ya que sus funciones no requieren de su presencia permanente en la institución en la que ejercen esta función y permitiendo recuperar la operatividad. Y de esta figura dependería también la implementación de las dos siguientes propuestas.

 

Mantenimiento externo: De la mano de la figura de los administradores, otra función que se puede trabajar de manera más eficiente es la del mantenimiento, que implica todas las acciones relacionadas con arreglos; no la limpieza a cargo del personal de maestranza. Para los pequeños colegios privados, tener una persona de mantenimiento con los saberes necesarios (que no tiene subvención estatal) es muy costoso. Por el mismo motivo, en los colegios estatales el mantenimiento no está dentro del personal fijo de un colegio y cada vez que hay que reparar una instalación o material debe elevarse un pedido y esperar a que alguien envíe la ayuda necesaria. Con la figura de un administrador, un grupo de colegios pueden compartir a una persona de mantenimiento o bien el gestor puede solicitar presupuestos particulares y organizar las reparaciones u obras pertinentes de manera más rápida y accesible.

 

Control de ausentismo docente: El principal costo en los colegios de gestión estatal es, lejos, el ausentismo docente. Lo poco riguroso del control de asistencia y el déficit en los controles de las licencias imponen la necesidad de contar con una extensa cantidad de auxiliares docentes y suplentes, a los que se les paga por cumplir con las funciones de otros docentes que en un mínimo porcentaje tienen justificación real a su inasistencia. La figura de un administrador puede también ayudar a llevar un control de asistencia más exhaustivo y encargarse de implementar un sistema de seguimiento para licencias médicas que garantice que las ausencias estén justificadas; alivianando a su vez la función del Director.

 

Hacer funcionar una cosa: En la Provincia de Buenos Aires durante los últimos 25 años hemos tenido cuatro sistemas educativos distintos. Para hacer una evaluación certera de la eficacia de cada uno habría que darle un tiempo de asentamiento y maduración para que su funcionamiento sea adecuado y luego medir cual el resultado de su producto (los chicos que son formados en los colegios) en su inserción ciudadana, laboral y articulación con el sistema universitario. Este proceso debería durar en promedio entre 15 y 20 años; pero los cambios en la coyuntura política le dieron a cada sistema intentado menos de 10 en promedio para mostrar su eficacia. Y esto trajo aparejado otro problema: la ausencia de profesorados acordes a las áreas de enseñanzas propias de cada sistema. Por lo cual antes de implementar cualquier cambio es necesario generar conciencia primero sobre este aspecto, que es lo que nos va a permitir juzgar su eficacia de manera apropiada.

 

 

Por el Lic. Marcelo Darío Cabrera
Presidente de la Asociación Civil Vale la Pena
Docente con trayectoria en el sector estatal y privado, actualmente en el Instituto Manuel Dorrego de Bella Vista

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