Mensaje de Monseñor Ojea para el Tercer Domingo de Adviento

Mensaje de Monseñor Ojea para el Tercer Domingo de Adviento
15 Dic
2017

Queridos hermanos, celebramos este Tercer Domingo de Adviento, llamado Domingo de la alegría; la Iglesia se alegra porque ya va reconociendo los pasos cercanos, del Señor que viene a visitarnos, como se reconocen los pasos del ser querido cuando se va acercando.

Hablar de alegría cristiana parece un contrasentido en este momento en nuestro país; hemos sido testigos de hechos inusitadamente violentos, en la calle, en el Congreso y sin embargo, la alegría cristiana se funda en el amor de Dios que viene a visitarnos, el Dios que quiere quedarse con nosotros y nos regala su tiempo, por eso es una alegría honda, verdadera, porque se apoya en la verdad.

 

La alegría cristiana también es paz; Santo Tomás la define como el perfecto descanso en el sumo bien; no tiene que ver ni con el ruido ni con la dispersión.

 

La alegría cristiana es contagiosa, es auténtica porque se contagia a los demás, no es fingida, no es trucada, no es de cartón.

 

Los pobres saben celebrar, los pobres saben ponerse contentos, en el mejor sentido de la palabra, con poco, con nada.

 

Las fiestas de los ricos, en la sociedad de consumo en que vivimos, son fiestas a veces tan artificiales, donde se gasta tanto dinero, pero la alegría no es auténtica.

 

He tenido la gracia como sacerdote de participar en tantas fiestas, en tantos encuentros, con hermanos nuestros muy pobres, que con un poquito, saben cómo celebrar la vida.

 

El beato Pablo VI decía: “El talante de la Iglesia es la fiesta”, la fiesta debería ser como el tono, decía él, de la Iglesia, porque la Iglesia celebra el don de Dios.

 

Es más importante que Dios se manifieste y la Iglesia lo celebra con la Eucaristía, que todo lo que la Iglesia dice sobre Dios. María tuvo tanta conciencia del don, por eso cantó el Magnificat.

 

Nosotros nos vamos preparando para cantar ese Magnificat; nos vamos preparando para vivir esta alegría auténtica del corazón que nos prepara la Navidad, que se manifiesta en la presencia de nuestros seres queridos.

 

¿Por qué queremos estar con nuestros seres queridos en Navidad? Porque en el fondo, nosotros recibimos el amor de Dios a través de ellos; ellos han marcado nuestra vida, nos han enseñado tantas cosas.

 

Por eso, cuando llegan los pasos de Jesús que se acercan, los pasos del amor que viene a visitarnos, necesitamos estar con los seres que más queremos, porque ellos nos han revelado y nos han enseñado el amor de Dios.

 

Más allá de la violencia que hemos vivido, que esta Navidad nos encuentre con el corazón en paz, arraigado en el amor de Dios y agradeciendo con alegría lo que el Señor nos da, a través de las personas que Él ha enviado, para que nos encontremos en nuestra vida y nos muestren el amor de Jesús.

 

Qué Dios los bendiga y que preparemos con alegría la próxima Navidad.

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